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El Milagro Eucarístico de
Augsburg, conocido por sus habitantes como el
“Wunderbarlichen Gutes” o “Bien Milagroso”, ha sido
descrito por numerosos libros y documentos históricos
que se pueden consultar en la biblioteca estatal y
cívica de Augsburg. Una Hostia robada se transformó en
carne sangrante. A lo largo de los siglos se han
realizado diversos análisis de la Partícula, llegando
siempre a la misma conclusión: se trata de carne y
sangre humana. Son los padres Dominicos quienes la
custodian en el Convento de Heilig Kreuz
Corría el año 1194. En esos
tiempos era muy difícil encontrar tabernáculos en las
iglesias ante los cuales se pudiese practicar la
adoración eucarística. Sólo en 1264, con la
introducción de la fiesta del Corpus Domini, se pudo
difundir esta devoción. Por esto mismo, una señora de
Augsburg, particularmente devota al Santísimo
Sacramento, luego de haber comulgado, escondió la Hostia
en un pañuelo sin que nadie se diese cuenta. Llegando a
su casa, la depositó en un envoltorio de cera, dentro de
un armario. Luego de 5 años, un 11 de mayo de 1199,
atormentada por el remordimiento, se confesó al superior
del convento de Heilig Kreuz, el padre Berthold. El
sacerdote pidió entonces, que le fuese entregada la
Hostia. Poco después, teniendo ya el envoltorio de cera
en sus manos, lo abrió y vio que la Hostia se había
trasformado en carne sangrante. Se presentaba “dividida
en dos partes, unidas entre sí por unos hilos delgados
de carne sangrante”. Entonces, el padre Berthold se
dirigió inmediatamente al Obispo de la ciudad, Udalskalk,
quien ordenó que la Hostia prodigiosa fuese “trasladada
a la catedral, acompañada por el clero y el pueblo, y
allí fuese expuesta en una custodia de cristal para la
adoración pública”.
Pero el Milagro siguió
manifestándose, ya que desde el día de Pascua hasta la
fiesta de San Juan Bautista, todos pudieron ver cómo la
Hostia aumentaba en sus dimensiones. Poco después, el
Obispo Udalskalk mandó que la Hostia fuese restituida al
convento de Heilig Kreuz. Al mismo tiempo, estableció
que “en recuerdo de un hecho tan memorable y
extraordinario”, se realizara cada año una celebración
especial en honor a la Santa Reliquia. En 1200, el conde
de Rechber, donó a los Padres agustinos un cofre de
plata, de forma rectangular, para que allí fuese
depositada la Hostia del Milagro. Además del mismo
Prodigio, tuvieron lugar otros episodios
extraordinarios, como fue la aparición, vista por encima
de la Hostia, del Niño Jesús vestido de blanco, con el
rostro radiante y la frente rodeada de una corona de
oro, la del crucifijo de la iglesia que sangraba y
la aparición de Jesús que bendecía a la asamblea. |