|
En la
Capilla de dicho monasterio, para la veneración de
todos, se encuentra la Sagrada Reliquia del Corporal
manchado de Sangre. A partir de un día martes,
precedente a la fiesta de Pentecostés del año 1405,
Jesús se apareció por tres noches consecutivas a Jean de
Huldenberg, mostrando su cuerpo cubierto de llagas. Sólo
en la tercera aparición el Señor le dijo: “anda a la
capilla de Isaac, allá me encontrarás”. Al mismo tiempo,
el párroco, Pierre Ost, escuchó una voz que le ordenaba
celebrar la Misa de la Santa Cruz en la capilla de
Isaac. Al día siguiente, el párroco convocó a todos los
fieles a la Misa en dicha capilla. Entre ellos, estaba
presente Jean de Huldenberg. En medio de la celebración,
el sacerdote abrió el Corporal y notó que había quedado
un pedazo de la Hostia Magna consagrada en la Misa del
martes. Entonces, trató de consumarla. Pero no sólo no
se desprendía de la tela sino que comenzó a sangrar. El
sacerdote palideció, pero Jean, dándose cuenta de todo,
lo confortó diciéndole: “no tengáis miedo, esta
maravilla viene de Dios”. Luego, le narró las visiones
que había tenido.

Durante cuatro días, hasta el martes de Pentecostés, la
Sangre continuó derramándose hasta llegar a un espesor
de un dedo por tres de ancho. Luego, habiendo teñido
casi todo el Corporal, poco a poco se coaguló hasta
secarse. El Milagro fue visto y testimoniado por
muchísimas personas.
El
Obispo de Cambrai, Pierre d’Ailly, siendo informado de
lo sucedido, quiso examinar personalmente el Corporal
teñido de Sangre. Por casi dos años, permaneció
custodiado en su misma casa. En tanto, fue inútil toda
tentativa de quitar la mancha de Sangre. Ante este
fenómeno, el Obispo abrió una investigación en la cual
fueron recogidos los testimonios de los prodigios
obrados por esta misma Preciosa Sangre. El 16 de junio
de 1410, el Obispo Pierre d’Ailly, otorgó 40 días de
indulgencia a aquellos que hubiesen visitado la capilla
de Bois-Seigneur-Isaac y, el 3 de mayo de 1413, declaró
que el Corporal podía ser venerado como Reliquia
Sagrada, e instituyó una procesión solemne en honor al
Prodigio con la exposición pública del Santísimo
Sacramento. El 3 de enero de 1424, el Papa Martín V
aprobó la construcción del Monasterio de Bois-Seigneur-
Isaac, que aún sigue siendo meta de peregrinajes.
Hasta
hoy, se festeja cada año el domingo siguiente a la
fiesta de la Natividad de María, en memoria del Prodigio
Eucarístico, junto con la presencia de los ciudadanos de
Bois-Seigneur-Isaac. |