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En la pequeña ciudad de Meerssen se verificaron
dos Milagros Eucarísticos. En el año 1222, durante la Santa Misa, la Hostia Magna derramó Sangre viva
que llegó a manchar el corporal.
La antigua capilla de Meessen, gracias a las
donaciones de Gerberga de Sajonia, esposa del rey de Francia, Luis
IV d’Outremer, fue ampliada en el siglo X, convirtiéndose así en una
iglesia de gran importancia. En 1222, se verificó allí mismo un
Milagro Eucarístico, que posteriormente fue reconocido por las
autoridades eclesiales.
Durante la celebración de la Misa dominical, el
sacerdote consagró las especies eucarísticas. De repente, de la
Hostia Magna comenzó a destilar Sangre viva que llegó a manchar el
corporal.
En 1465, se desató un gran incendio que destruyó
la iglesia. Un campesino logró salvar la Reliquia de la Hostia
ensangrentada que quedó perfectamente ilesa, a pesar de la
destrucción causada por el incendio. Este episodio es recordado por
los pobladores con el nombre de “Milagro del fuego”. La iglesia fue
reconstruida inmediatamente.
En 1938, el Papa Pío XI la elevó a Basílica
menor. Aún hoy sigue siendo uno de las mayores metas de peregrinaje
en Holanda. La preciosa Reliquia del Prodigio es llevada cada año en
procesión durante la octava del Corpus Domini.
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