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1273-1280
Offida (Italia)
En Offida, en
la iglesia de San Agustín, se conservan las
reliquias del Milagro Eucarístico sucedido
en 1273. La Hostia se convirtió en carne
que sangraba.
Muchos son
los documentos que describen el prodigio.
Entre ellos, existe una copia auténtica
hecha en 1788 de un pergamino del siglo XIII,
escrita por un notario llamado Juan Bautista
Doria. Además, existen numerosas bulas
papales, comenzando por la de Bonifacio VIII
(1295) y Sixto V (1585); intervenciones de
congregaciones romanas, decretos
episcopales, estatutos municipales, dones
votivos, placas, frescos y testimonios de
insignes historiadores, entre ellos Antinori
y Fella.
El milagro:
En 1273, en
Lanciano, una mujer llamada Ricciarella, con
el fin de recuperar el afecto del marido, Giacomo
Stasio, cometió un grave sacrilegio.
Siguiendo el consejo de una hechicera,
aprovechando el momento de la comunión, robó
una Hostia consagrada, la llevó a su casa y
la puso al fuego, sobre una teja con la
intención de pulverizarla para ponerla en el
plato del marido. En ese momento, la
Partícula se convirtió en carne que
derramaba sangre. Ricciarella, aterrorizada
por lo que estaba sucediendo, envolvió la
teja con la Hostia bañada en sangre en un
lino. Luego, la enterró bajo el estiércol
del establo del marido. Cosas extrañas
sucedieron en el interior del establo: cada
vez que la mula de Giacomo entraba, se
postraba de rodillas mirando hacia el lugar
donde estaba enterrada la Hostia milagrosa.
Giacomo comenzó a pensar que la esposa había
realizado un maleficio a la bestia.
Durante 7
años, Ricciarella no había dejado de sufrir
grandes remordimientos. Entonces, decidió
confesar su horrible sacrilegio al prior del
convento agustiniano de Lanciano, Giacomo
Diotallevi, nativo de Offida.
Las antiguas
crónicas cuentan que la mujer comenzó a
gritar en lágrimas al sacerdote: “!he matado
a Dios! ¡He matado a Dios!”. El sacerdote se
dirigió al lugar y encontró intacta la
envoltura junto con la Reliquia. Estas
fueron luego donadas a sus conciudadanos.
Con el fin de
conservar la Sagrada Hostia, los habitantes
de Offida mandaron a hacer un relicario en
forma de Cruz. Una antigua crónica nos narra
que fray Miguel y un hermano fueron enviados
a un orfebre de Venecia con este encargo.
Rogaron al orfebre que, bajo juramento de
fidelidad, prometiera que “no revelaría a
ninguno lo que él estaba por ver y colocar
dentro de la cruz”. Luego, el orfebre quiso
tomar la píside con la Hostia milagrosa,
pero de improviso le vino la fiebre.
Entonces, exclamó: “¿qué cosa me has traído,
oh fraile mío?”. El religioso le preguntó si
se encontraba en pecado mortal. Habiendo
respondido que sí, el orfebre se confesó y
en el instante desapareció la fiebre. Así,
sin ningún peligro, extrajo la Hostia de la
píside y la depositó en el sagrado Madero de
las misma cruz, sellando con un cristal,
como claramente se puede observar”.

Imagen ampliada de la reliquia de la Hostia,
contenida en la preciosa Cruz,
obra de un orfebre veneciano (siglo XIII)

Los
relicarios de la teja y el lino teñido de
sangre, junto con la cruz que contiene la
Hostia milagrosa, están expuestos en la
iglesia de San Agustín en Offida. La casa de
Ricciarella en Lanciano fue transformada en
una pequeña capilla.
En 1973 fue
celebrado el VII centenario del Milagro, y
cada 3 de mayo los ciudadanos de Offida
festejan el aniversario del Prodigio. |