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El Milagro Eucarístico de Ponferrada
sucedió luego que Juan de Benavente robó un tabernáculo
de su propia parroquia que contenía una hermosa píside
de plata con varias Hostias consagradas.
Sólo después de mucho tiempo y en
circunstancias milagrosas fue posible recuperar las
Hostias robadas que se habían mantenido perfectamente
intactas.
Juan de Benavente vivía en Ponferrada con
su esposa. Aparentemente era muy devoto y religioso, ya
que todas las tardes se dirigía a la iglesia para rezar.
Un día, mientras estaba en oración, sintió una gran
avidez por poseer la preciosa píside de plata que estaba
dentro de un simple tabernáculo de madera. Así pues, se
adueñó del tabernáculo y se dirigió hacia el río Sil,
con la idea de arrojar la caja de madera que no tenía
ningún valor comercial y quedarse con su contenido. Sin
embargo, se hizo tan pesada que no pudo arrojarla al
agua. Regresó a su casa y, sin decir nada a la esposa,
la escondió; pero ella comenzó a tener sospechas porque
durante la noche llegó a ver unos rayos de luz que
provenían de la caja. Entonces, Juan decidió deshacerse
de una vez por todas del robo sacrílego. Se dirigió a un
campo llamado el Arenal y arrojó en unas ruinas el
tabernáculo, junto con las Partículas.
El robo causó gran desaliento en toda la
población. Mientras tanto, Juan demostraba gran
nerviosismo porque, además del temor, no sabía cómo
arreglárselas para revender la píside de plata sin ser
descubierto.
Cerca al campo del Arenal, el propietario
del terreno, Diego Núñez de Losada, había preparado el
juego del tiro al blanco que servía como diversión, en
los días de fiesta, para todos los habitantes. Algunos
testimonios oculares afirmaron haber visto que, mientras
las santas Partículas estuvieron arrojadas en las
ruinas, de noche se habían visto esplendores de luz y en
el día algunas palomas que se posaban en el mismo lugar.
Muchos trataron de matar a las palomas pero nadie lo
había logrado. Un granjero, llamado Nogaledo, intentó
acercarse a las palomas para capturarlas. Entrando por
las ruinas descubrió el tabernáculo y las santas Hostias
de las cuales provenía una luz intensísima. Muy
impresionado, corrió hacia la iglesia para tocar las
campanas que resonaron por todo el pueblo y, en pocos
minutos, se había ya organizado el retorno de las
Sagradas Especies con una procesión solemne.
Juan no soportó los remordimientos y
confesó su culpa. Poco después, fue construida una
capilla en lugar del hallazgo de las Hostias. En 1570 el
párroco proyectó una ampliación e instituyó una
procesión solemne que sería organizada todos los años al
octavo día de la fiesta del Corpus Domini, en honor al
Milagro. |