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El ejército de Anjou y Lorraine marchó hacia Milán en defensa de
Sforza. Tenía que pasar por Piedmonte, el cual estaba gobernado
por uno de los enemigos de Milán. La actitud de su director,
Ludwig, fue que si ellos eran amigos de sus enemigos, ellos
también eran sus enemigos. Por tanto cuando el ejército se
acercó a Piedmonte, tuvieron que entrar en batalla con las
tropas de Piedmonte. En una batalla sangrienta, las tropas de
Anjou se retiraron. Esto sucedió en las afueras de Exiles, donde
ocurrió nuestro milagro.
Historia del Milagro :
Cuando las
tropas de Piedmonte cruzaron la ciudad de Exiles, y las tropas
de Anjou se acercaron, todos los aldeanos y todos los que vivían
en esa área, dejaron sus casas.
Los soldados
de Piedmonte empezaron a saquear las casas e Iglesias de la
ciudad. Un soldado entró en la Iglesia local en Exiles, forzó y
abrió la puerta del tabernáculo para robar la custodia. La tomó
sabiendo lo que era. No le importó tampoco tomar la Hostia
Consagrada que estaba ahí reservada. Esta custodia era usada
para dar bendiciones. El soldado guardó la custodia en su saco y
lo puso sobre su burro.
Probablemente
por la presencia del Señor el animal se sentía molesto de llevar
el saco sobre la espalda y se caía continuamente. De cualquier
manera, el soldado quería deshacerse de las cosas que había
robado y, por esta razón, vendió el saco y su contenido al
primer mercader que cruzó su camino, por un precio muy barato.
El mercader vendió el saco a otro mercader, quien se lo vendió a
otro. Cuando el último mercader compró el saco, éste iba en
camino a Turín.
El mercader
entró en la ciudad con el burro cargando el saco. En frente de
la Iglesia de San Silvestre, como se llamaba en la época del
milagro, en la plaza, el burro tropezó y se cayó. Su dueño trató
de levantarlo, pero el animal se negó a moverse. El dueño empezó
a pegarle y se juntó una muchedumbre.
A nadie le
gustaba ver como maltrataba al burro. Cuanto más grande se hacía
la muchedumbre, más frustrado se sentía el mercader y golpeaba
al burro sin misericordia. El burro se movía de un lado a otro
tratando de escapar de los latigazos de su amo. El saco resbaló
de la espalda del burro y cayó en el suelo y todo el contenido
se esparció por la calle.
Todos los
ojos se fijaron en la custodia, especialmente en la Hostia que
estaba dentro de ella, que resplandecía, haciéndose tan
brillante que tenían que apartar los ojos del resplandor. La
Custodia se elevó en el aire, hasta una altura de 10 - 12 pies,
y ahí se detuvo permaneciendo suspendida en el aire.
La
muchedumbre manifestaba con suspiros su impresión ante la Señal
Milagrosa. Desde la Iglesia de San Silvestre, el Padre Coccomo
se dio cuenta de que algo pasaba al ver la muchedumbre y fue a
ver que era lo que les atraía. Cuando vio la custodia flotando
en el aire, se dio cuenta de que esta era una señal del Señor.
Entonces, el sacerdote corrió para informarle al Obispo lo
sucedido.
El Obispo
inmediatamente formó una procesión de sacerdotes que fue desde
la Catedral hasta la Plaza. Esta noticia se esparció rápidamente
y oficiales de la ciudad marcharon a ver el milagro, en fila
detrás de los sacerdotes. Cuando el obispo llegó al lugar, la
custodia se abrió y cayó al suelo, dejando a la Sagrada Hostia
suspendida. Estaba rodeada por un aura deslumbradora.
El Obispo,
acompañado de los sacerdotes, empezó a cantar un himno en latín.
Las personas de la ciudad cantaron " Resta con noi, ", “Quédate
con nosotros. "
La Hostia
comenzó a descender. El obispo sujetó un cáliz y la Hostia
Milagrosa empezó a bajar y lentamente se deslizó en el cáliz.
Las personas de la ciudad se maravillaron de este hecho y
siguieron al Obispo en procesión hasta la Catedral.
Inmediatamente se le avisó al Vaticano.
Este milagro
sucedió el 6 de junio, de 1453. Ocho días antes de esto,
Mohammed II conquistó Constantinopla y ubicó su trono en la
Catedral de Santa Sofía. Durante el mismo período, otro Milagro
Eucarístico ocurrió en Langenwiese, un pueblo pequeño entre
Polonia y Checoslovaquia. Poco después la guerra de Milán
terminó.
Veneración y
peregrinaciones:
Inmediatamente comenzó la veneración del Milagro Eucarístico de
Turín. Peregrinos de toda Italia y Europa se reunían en el
Santuario. A la iglesia se San Silvestre se le llama la Basílica
de Corpus Domini (Iglesia del Cuerpo y Sangre del Señor ),
En 1455, la
jerarquía de la Iglesia de Turín, acordaron hacer un tabernáculo
para honrar y conservar el Milagro Eucarístico. La Hostia se
guardo en el nuevo tabernáculo hasta que un nuevo relicario de
mármol se erigió en el lugar donde cayó el burro en 1453.
La ciudad de
Turín fue conmovida por este Milagro Eucarístico. Pusieron una
señal a donde ocurrió el milagro, y donde cayó el burro. Este
lugar se convirtió en un lugar de peregrinación, tan visitado
que los peregrinos no cabían en esa pequeña área. En el año
1521, un nuevo edificio fue construido para los devotos y
peregrinos. El Oratorio fue construido en el lugar donde el
burro cayó.
En 1525, se
instituyó la Compañía del Cuerpo de Cristo para ser protectora
del Milagro Eucarístico. Su símbolo era la Custodia y la Hostia
suspendida sobre ella. Esta compañía estaba encargada de cuidar
el Oratorio y el lugar donde cayó el burro.
En el año
1584, llegó de la Santa Sede la orden que el Milagro Eucarístico
debía de ser consumido. La razón dada por el Vaticano fue para
no obligar a Dios a mantener este Milagro Eucarístico sin
corromperse por siempre.
La Hostia
Sagrada, fue consumida por orden Papal en 1584, después de estar
perfectamente conservada por 131 años. La Adoración y Devoción
del Milagro Eucarístico continuó.
En 1598, una
plaga amenazó a muchas personas, durante otra sangrienta guerra
entre los de Piedmonte y los Franceses. El Señor le estaba dando
un mensaje a las personas, que fue recibido por el Concilio de
Turín.
Ellos le hicieron una promesa
al Señor, que sí Él libraba a las personas de esa enfermedad
mortal, se le construiría una iglesia completamente nueva en
honor del Santísimo Sacramento de Turín. El Señor escucho las
oraciones y la plaga termino.
En 1607, se hicieron los
cimientos de la nueva iglesia, la cual se terminó en 1671. A la
derecha del altar principal hay un área cerrada por unas
barandillas que es el lugar donde cayó el burro. Hay una placa
con una inscripción en latín. San Juan Bosco la tradujo así:
Aquí, el 6 de junio, de
1453, cayó el burro que estaba cargando el Cuerpo del Señor.
Aquí la Sagrada Hostia,
libre de sus ataduras, se elevó en el aire.
Aquí descendió suavemente a
las manos suplicantes de los turinenses.
Aquí, por lo tanto,
recuerden el milagro, arrodíllense en el suelo, veneren y miren
con temor un lugar sagrado.
En la pequeña Iglesia de Exille,
donde ocurrió el robo ese día en 1453, el tabernáculo roto nunca
fue arreglado. Lo conservaron en su forma original en honor al
acontecimiento milagroso.
Solemnes procesiones y
celebraciones han tenido lugar en los diferentes Centenarios de
la Fiesta. En 1853, San Juan Bosco escribió acerca de la fiesta
y de las grandes preparaciones que se hacían. En estas fiestas
asistieron la Reina Adelaida, esposa de Vittorio Emmanuele II, y
de la Reina María Teresa, viuda de Carlos Alberto, quienes
recibieron la Comunión en la Basílica. En 1953, la fecha de la
celebración del Quinto Centenario fue cambiada para septiembre,
desde el 6 hasta el 13, para que coincidiera con el Congreso
Eucarístico que se celebró ese año.
Se escribieron himnos
especiales en honor del Milagro Eucarístico de Turín. Se cantan
los días de las fiestas, y especialmente durante la celebración
del Centenario.
Muchos son los documentos que describen el Milagro: los más
antiguos son los tres Actos Capitulares de 1454, 1455, 1456 y
algunos escritos contemporáneos al Milagro de la Municipalidad
de Turín. En 1853, el Beato Papa Pío IX celebró solemnemente el
cuarto centenario del Milagro; ceremonia a la que participaron
San Juan Bosco y Don Rua. Pío IX aprobó en esta ocasión el
Oficio y la Misa propios de este Milagro para la arquidiócesis
de Turín. En 1928, Pío XI elevó la Iglesia del Corpus Domini a
la dignidad de Basílica Menor.
Papas que han reconocido el
Milagro de Turín : Pío II, Gregorio XVI, Clemente XIII,
Benedicto XIV, San Pío X, Pío XI y Juan Pablo II. |